
Local. 19 horas. Oscuridad otoñal con la niebla anaranjada por las farolas del exterior. Árboles a los lados de la carretera Frío en la punta de la nariz y me arden los labios. Todos sometidos a esa incontenible felicidad que es reunirte con los amigos y hablar de temas banales para olvidar las miserias propias y ajenas. Vuelco en el corazón. Pensamiento nuevo, sentimiento conocido. Antes solo veía su ausencia en todas partes. Ahora ya es costumbre tenerla sentada junto a mi, arropándome. Pensamiento enfrentado al pasado pero no al sentimiento presente. Me he quitado el chaleco a prueba de balas y sé que una me ha empezado a rozar. Es todo tan desconcertante en este maldito silencio. Sé que tendré que empezar a querer lo que es bueno para mi.